Miguel Ángel Loma

Primero fue el ministro de Defensa, don Federico Trillo, conocido cariñosamente como el minisTrillo, quien sentó cátedra cuasipapal declarando que como católico no tenía ningún problema de conciencia para no seguir las indicaciones del Papa contra la guerra, porque "las materias sociales no son de fe" y por tanto "no hay obligación" de seguir al Papa en esta minucia moral. Posteriormente ha sido su jefe, don José María Aznar, declarando en ABC que "La paz, como ha recordado el Papa, debe basarse en el respeto a las resoluciones de la ONU", palabras que así enunciadas, y salvo que se las haya dicho el propio Papa en una audiencia privada, no he visto recogidas en ningún lugar. Como existe un creciente distanciamiento entre el PP y el electorado católico más comprometido con su fe, los populares se ven llamados a convertirse en exégetas papales para tranquilizar las conciencias de aquellos que aún son capaces de generar escrúpulos frente a la política del señor Aznar. Si hay que interpretar al Papa, se le interpreta, faltaría más, ¿quién dijo miedo? En cualquier caso, lo que sí ha dicho el Papa públicamente es que "La paz se basa en la justicia, el amor, la libertad y la verdad" (26-12-2002), y que la llamada "guerra preventiva" no tiene justificación alguna.

Muy mal deben de irle las cosas a los chicos del PP para intentar confundirnos con sus particulares interpretaciones de las claras palabras del Papa, palabras que no dudan en ignorar cuando se trata de otro tipo de asuntos, como es el mantenimiento del genocidio de 70.000 seres humanos a los que anualmente en España se les impide nacer de forma "preventiva" por una ley fraudulentamente aplicada, con la absoluta aquiescencia de todos los diputados peperos, ya que ninguno de ellos, aunque fuera en un puro gesto testimonial, ha osado rebelarse y contestar a tan canalla legislación. Cuando duelen las orejas de oírles justificar el mantenimiento de esta sangría alegando, casi entre lamentaciones, que no podían hacer nada porque significaba enfrentarse a la opinión pública, sorprende que en el tema de la guerra no les haya importado mucho tener a una opinión pública mucho más numerosa en su contra, para alinearse junto al viejo "amigo" yanqui. Como no hay que ser exégeta ni profeta para adivinar que tal como van sucediendo las cosas, y con la eficaz manipulación demagógica de sus adversarios, el PP no volverá a obtener mayoría absoluta en las próximas elecciones, cargarán para siempre con la grave responsabilidad de no haber utilizado la excelente oportunidad de su situación actual en el Congreso de Diputados, para salvar la vida de millares de seres humanos que no gozarán de esta llamada sociedad del bienestar. Esperemos que no haya que imputarles también la responsabilidad de meternos en una guerra de imprevisibles consecuencias, donde ni se nos ha perdido nada ni nada le debemos a nadie; y si debemos algo, que nos lo digan. Pero quede claro que curiosamente, tanto en el tema del aborto como en el de la guerra, el PP ignora la voz del Papa, aunque eso sí, todos ellos y ellas estarán junto a él, con sus mejores galas, velos y sonrisas, cuando Juan Pablo II venga próximamente a España. Quien no les conozca, que les vote.


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