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30 DE NOVIEMBRE
18:00 h.
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PRESENTACIÓN EN ALICANTE DEL LIBRO
"IGLESIAS PORTAL, EL JUEZ QUE CONDENÓ A JOSÉ ANTONIO"
30 DE NOVIEMBRE A LAS 18:00 h.
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José Martín Pinto

La actuación política de José Antonio podemos enmarcarla en dos etapas:

1ª La etapa anterior a la creación de Falange Española. (1922-1933).

2ª La etapa falangista (29-10-33 al 18-11-1936)

En la primera etapa, José Antonio interviene políticamente guiado por un sentimiento filial, en la defensa de su padre.

Proclamada la República el 14 de abril de 1931, se celebran elecciones constituyentes el 4-10-1931. José Antonio se presenta por Madrid con el lema: "Por una sagrada memoria, hay que oír a los acusados, y no consiguió ser elegido.

Los hechos políticos de la 2ª República muestran a José Antonio un proceso de disolución y corrupción democrática, que conduciría a la grave crisis de 1936. Nadie había esperado tanto de la República como los intelectuales, republicanos, en su mayoría, y de espíritu liberal; por eso la decepción fue extraordinaria al comparar la República que habían anhelado con la realidad.

Los "orteguistas, entre los que se encontraban Alfonso García Valdecasas y María Zambrano, entre otros, intentaron crear un movimiento o partido nacional, superador de los partidos y para ello constituyeron el Frente Español, partido encaminado a salvar a la República de los dogmas de la derecha intransigente, de la izquierda radical y del centro doctrinario.

A estas reuniones fue invitado José Antonio.

El Frente Español no prosperó, y al fundar José Antonio Falange Española, María Zambrano exclamaría: "Nos han robado la F.E, puesto que las siglas de Falange Española coincidían con las del Frente Español.

José Antonio, a parte de abogado, tenía una gran formación literaria y en idiomas modernos y una gran afición a la poesía. De todos es conocida su amistad con García Lorca, Luis Rosales, etc.

Había estudiado las obras de Spengler, Keyserling, Marx, Lenin, Ortega, así como a los tradicionalistas españoles.

También conocía a fondo la doctrina social de la Iglesia a través de las encíclicas y los movimientos católicos, como el personalismo de Mounier, como veremos más adelante.

El patriotismo era un sentimiento familiar en José Antonio, formado en el seno de una familia militar. Por eso buscaba un credo político que apelase a los sentimientos estéticos y a los instintos generosos, es decir, a un nacionalismo de estilo poético e idealista. El problema político consistía, según José Antonio, en realizar en cada época histórica de un pueblo su forma democrática, a fin de salvar su contenido, real y esencial de sus valores populares, y, en concreto, sopesar la forma liberal de la democracia, que mostraba por un lado su ineficacia e incapacidad de servir a la justicia social y, por otro, su fragilidad ante el desafío revolucionario del comunismo.

De estas dos premisas partiría José Antonio para formular su teoría orgánica de la sociedad, su síntesis de reordenación política orientada a corregir los excesos del individualismo extremo y del colectivismo absoluto.

Es curioso analizar el personalismo que el filósofo francés Emmanuel Mounier elaboró como una posible tercera vía y las coincidencias con José Antonio.

El 1929 es una fecha clave para Mounier. La crisis del capitalismo llega a profundidades insospechadas y la revolución bolchevique de 1917 ha dado ya sus primeros frutos.

El capitalismo de derechas o de izquierdas se está mostrando ineficaz para solucionar el gran problema del momento: el desorden establecido.

Capitalismo y comunismo son, en realidad, meras soluciones económicas. Uno se basa en la idea de que las soluciones económicas son las únicas valederas para rescatar la humanidad de la alienación a que se encuentra sometida por el poder; el otro predica el humanismo de sálvese quien pueda, que cada uno se la apañe como Dios le dé a entender.

Aparece el anticomunismo, ideología basada en el anti, para poder conservar lo que se posee, y en el pesimismo abstencionista.

Una parte importante del mundo intenta salirse de este doble cerco, y aparecen el fascismo italiano y el nacional-socialismo alemán. Ambos movimientos representan un afán desesperado de superación, pero ambas doctrinas fueron incompletas porque desdeñaron el eje moral de los valores humanos personales.

Mounier afirma con Peguy la necesidad de una revolución y propone frente al pesimismo abstencionista la autenticidad cristiana, aunque el movimiento personalista no es parcela exclusiva del cristiano, es patrimonio de todo hombre que respete a la persona.

Pero el cristiano no tiene por qué pedir fuerzas revolucionarias a nadie que esté fuera del cristianismo.

El Evangelio contiene, a primera vista, suficiente cantidad de explosivos para hacer saltar la familia, el Estado, las relaciones de clase, las estructuras de propiedad, las fronteras, los cuadros de razas, las conveniencias, es decir, el conjunto de las relaciones sociales. Es lo que pensaban los emperadores romanos. Ellos no perseguían a iluminados, sino a subversivos.

El programa revolucionario de Mounier se podría sintetizar en los siguientes puntos:

  1. La sustitución de la economía anárquica fundada sobre el provecho, por una economía organizada sobre las perspectivas totales de la persona.
  2. La socialización sin estatalización de los sectores de producción que alimentan la alienación económica.
  3. El desarrollo de la vida sindical.
  4. La rehabilitación del trabajo.
  5. El primado del trabajo sobre el capital, etc.

Discurso fundacional

En esta encrucijada histórica tiene lugar el acto fundacional de Falange Española un 29 de octubre del año 1933.

Comienza haciendo una crítica al sistema liberal, aunque se reconoce una conquista irrenunciable: la igualdad ante la ley.

En este mundo retórico, habituado a la altisonante perorata de la fraternidad, la igualdad y la libertad, se engrosaba, día a día, el ejército de desposeídos y circundaba con una franja de miseria las grandes ciudades de Occidente.

Por eso tuvo que nacer el socialismo. El socialismo nace cuando el liberalismo se muestra incapaz de resistir el empuje vigoroso de las grandes masas humanas desplazadas.

Un dilema gigantesco se plantea a los hombres: de un lado, la perspectiva de la inseguridad liberal, de la injusticia capitalista, de la ineficacia del sistema de partidos, del mercantilismo egoísta y desintegrador; de otro, la amenaza del comunismo, la colectivización gregaria del hombre, el sacrificio de la idea de Patria y de la idea de Dios.

La doctrina joseantoniana se constituye sobre dos ideas fundamentales: el concepto del hombre y la valoración de la Patria.

Para los socialistas, el hombre era un ser que se terminaba en sus necesidades materiales. La injusticia material del liberalismo va a ser superada: el hombre va a tener vivienda y alimento; pero ya no es sujeto de derechos individuales, va a ser un número, un dato estadístico, un esclavo de la colectividad.

Para el pensamiento liberal, el hombre es portador de derechos subjetivos y abstractos, pero el ámbito individualista no basta para determinar la esfera total de la hombreidad.

Superando estos dos conceptos antagónicos, José Antonio salva las vertientes positivas de ambas.

El hombre, para José Antonio, es libre, sujeto de derechos inalienables, igual a los demás hombres, también es un ser al que hay que otorgar la posibilidad de ejercicio de sus derechos y la satisfacción de sus necesidades de acuerdo con su integridad personal. El hombre es portador de valores eternos.

La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles.

Falange y Fascismo

Muchos identificaron a Falange Española con el Fascismo.

Para demostrar lo contrario podemos acudir a numerosos textos:

  • José Antonio en una conferencia dada en Madrid el 16-1-1931, sobre la forma y contenido de la "democracia decía: "la aspiración a una vida democrática, libre y apacible será siempre el punto de mira de la vida política... "no prevalecerán los intentos de negar derechos individuales ganados con siglos de sacrificios.
  • El diario liberal El Sol calificó el discurso fundacional como un movimiento poético, preocupado por el estilo y la forma externa, que rechazaba por no ser un fascismo hondo y auténtico.

José Antonio declaró textualmente el 19-12-1934 que F.E. y de las J.O.N.S. no era un movimiento fascista; tiene con el fascismo algunas coincidencias en puntos esenciales de valor universal:

  • Dirigiéndose a Prieto dijo: "porque resulta que nosotros hemos venido a salir al mundo en ocasión en que el mundo prevalece al fascismo, y esto le aseguro que más nos perjudica que nos favorece... "vosotros tenéis un sentido de Estado que imponéis enérgicamente. Ese sentido de Estado, ese sentido de creer que el Estado tiene algo que hacer y algo en que creer, es lo que tiene de contenido permanente el fascismo.
  • En sus escritos "Ante una encrucijada en la Historia Política y Económica del Mundo (9-4-1935) nos expone que la revolución total, la reorganización total de Europa, tiene que empezar por el individuo, huyendo de todo panteismo estatal. Y en una carta dirigida a su primo Julián Pemartín le decía: "Yo, por mi parte, serviría para todo menos para caudillo fascista. La actitud de duda y el sentido irónico, que nunca nos dejan a los que hemos tenido más o menos una curiosidad intelectual, nos inhabilitan para lanzar robustas afirmaciones sin titubeos que se exigen a los conductores de masas.

Ideas esenciales de José Antonio

  • El concepto del hombre como portador de valores eternos.
  • La consideración de la Patria como unidad de destino en lo universal.

Ante las elecciones del 16-1-1936 /Arriba nº 28) diría: "Queremos que se nos devuelva el alegre orgullo de tener una Patria. Una Patria exacta, ligera, emprendedora, limpia de chafarrinones zarzueleros y de muchas roñas consuetudinarias. No una Patria para ensalzarla en gruesas efusiones, sino para entenderla y sentirla como ejecutora de un gran destino.

  • La exigencia de la Justicia Social.
  • La implantación del sindicalismo como sistema de ordenación económica y vía de representación política junto a la familiar y municipal.
  • La concepción de un Estado social de Derecho como instrumento-medio y no fin, subordinado a principios morales y al fin trascendental del hombre.
  • La concepción de la propiedad como proyección directa del hombre sobre las cosas.
  • La consideración del trabajo como el mejor título de dignidad.

Todos estos conceptos tienen plena actualidad y tal vez con otros ropajes y otras palabras, pues el contexto histórico es diferente, pudieran alumbrar esa tercera vía superadora del capitalismo y del colectivismo que el mundo necesita.

José Martín Pinto
Lcdo. en Filosofía y Letras y en Ciencias Políticas y Sociología.


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