FA, en solitario y de manera contundente, planteó en su día una campaña frente a la guerra de invasión contra Iraq. Entonces expresamos nuestra oposición a que se invadiera esa nación de la manera brutal en que se hizo, y sin haber aportado los países agresores ninguna prueba concluyente de que el derrocado régimen iraquí estuviera detrás de los criminales ataques contra los Estados Unidos del 11-S, ni que tuviera un arsenal de armas de destrucción masiva capaz de poner en peligro la paz mundial, ni la de Oriente Medio.

Las principales naciones anglosajonas, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, decidieron el ataque a Iraq sin contar con las Naciones Unidas y obviando cualquier mínimo respeto al Derecho Internacional. Y España, guiada por el anterior gobierno, decidió apoyar de forma clara a esta coalición aportando primero apoyo logístico y político en la 1ª fase de la guerra, y tropas una vez concluida formalmente aquella con el derrocamiento del dictador iraquí y su régimen.

Desde FA, entendimos que habían otras formas para acabar con una dictadura sanguinaria (otrora protegida y apuntalada por "el Mundo Libre") y devolver al pueblo iraquí su libertad y su Partido BAAS, incautado por Sadamm a sus legítimos dueños que no son otros que los ciudadanos de aquel castigado país, creyentes en el nacionalismo democrático panárabe, laico, social y respetuoso con todas las confesiones religiosas que se profesan en Iraq.

Por eso nos opusimos a una guerra que no ha traído más que muerte, horror, destrucción e injusticia a los sectores más desfavorecidos del pueblo iraquí, en especial a los niños, los ancianos y las mujeres. Las noticias que circulan hoy en todos los medios de prensa del mundo reflejando crueles torturas y vejaciones hacia indefensos presos por parte de las fuerzas "del Mundo Libre", no hacen más que corroborar nuestros planteamientos y presagian una radicalización del conflicto, con el auge de los movimientos integristas, chiitas y sunnitas, y de la resistencia partidaria de Sadamm Hussein, en detrimento de las minorías kurda y cristiana, así como de los mencionados sectores democráticos.

El diabólico trueque de sangre por petróleo enrarece por momentos la situación que no tendrá solución sin la premisa de la retirada de las tropas invasoras y el control de la transición y reconstrucción del país por Naciones Unidas, con el apoyo resuelto de la Liga Árabe. Por eso valoramos también la decisión del gobierno de España de retirar de allí a nuestras tropas que, pese a la gran labor realizada, fueron a colaborar en las tareas de reconstrucción de un pueblo amigo y no a participar en una invasión económicamente interesada y criminal.

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