Más allá de la victoria global del PPE, o de la ajustada victoria del PSOE en nuestro país, no cabe esta vez ni la más mínima duda de que la gran triunfadora de las últimas elecciones al Parlamento Europeo ha sido la abstención, con porcentajes abrumadores. Los europeos que no han votado han superado, con creces, al conjunto de los que sí han votado a cualquiera de las opciones. Si tenemos en cuenta, además, que, entre tales opciones, existen algunas candidaturas de euroescépticos y numerosos movimientos políticos alternativos, como es nuestro caso, la conclusión no puede ser más clara. La falta de participación ha sido la nota más destacada, incluso, en aquellos países que acaban de ingresar en la Unión Europea, en cuyos electores tampoco ha despertado entusiasmo alguno la elección de un parlamento que está vacío, en buena medida, de contenido real.

 

Estas elecciones han venido a demostrar hasta qué punto nuestro mensaje de campaña, subrayando la necesidad de renovación de los usos e instituciones europeas, era oportuno y adecuado. La indiferencia por parte de los electores no sólo refleja un preocupante desapego de los ciudadanos por la política, sino que también implica en este caso un descontento palpable por la manera en que se hacen las cosas en la Unión Europea: instituciones alejadas de la gente, decisiones que se toman sin saber muy bien quién las toma y una cámara parlamentaria que viene a ser algo así como un lujoso "cementerio de elefantes para políticos fracasados en lides electorales nacionales. Los ciudadanos europeos han correspondido en esta ocasión a sus políticos con la misma actitud que mantienen habitualmente ellos. Si los burócratas de Bruselas y Estrasburgo deciden y gestionan de espaldas a los ciudadanos, éstos a su vez les han dado la espalda en el único momento que a aquéllos les interesa: el de emitir el voto que sirve para garantizarles su privilegiado estatus.

Pero, lejos de cualquier reacción medianamente responsable ante este llamativo fenómeno, los partidos del sistema se han limitado a mirar para otro lado y contabilizar –como de costumbre- sus porcentajes sobre el total de los votos válidamente emitidos –aunque hayan sido muy pocos-, analizando sus respectivos resultados en términos de relación con el resto de opciones. Es cierto que se han leído y escuchado –más en los comentaristas informativos que en los propios políticos- algunas valoraciones que reflejaban cierta preocupación por tan elevadísima abstención, pero, como conclusión, ninguno de los macropartidos establecidos ha hecho autocrítica seria sobre el proceso de construcción europea ni ha abierto una reflexión rigurosa al respecto. Por el contrario, prácticamente al día siguiente, sin ningún recato, ya estaban otra vez negociando un proyecto de Constitución elaborado al margen de la propia ciudadanía europea.

Como en los próximos meses este proyecto constitucional será objeto de debate social y mediático, tendremos ocasión de analizar con cierto detenimiento, desde el punto de vista de quienes formamos Falange Auténtica, el significado y los aspectos más importantes de esta Constitución Europea, alumbrada con los más genuinos modos de un Despotismo Ilustrado que considerábamos históricamente superado.

A la vista del gesto ciudadano de disgusto ante este entramado político europeo, reafirmamos nuestra creencia en la necesidad de convertir a Europa, a través de un profundo "Plan Renove, en líder del avance social, en abanderada del cambio a mejor en nuestro planeta. Las condiciones y las ventajas de que disponemos en Europa no pueden ser dilapidadas en politiquillas de salón, preocupadas tan solo en saber cómo se reparten las cuotas de poder o los fondos de convergencia dentro de nuestras fronteras continentales, sin darse cuenta de que el fracaso está cantado si somos incapaces de mirar más allá, de comprender que, en el siglo XXI, o se ofrecen soluciones globales a las tensiones e injusticias del mundo o los parches locales serán insuficientes, y persistirán problemas terribles, como el terrorismo, las guerras o la emigración forzosa de miles de personas en busca de una vida digna.

Respecto a los resultados numéricos obtenidos por nuestro partido en estos comicios, cabe calificarlos de puramente simbólicos. Hemos cubierto todos los demás objetivos que nos planteamos en este tipo de procesos: aprovechar la coyuntura electoral para la progresiva difusión de nuestro mensaje, mantener contacto directo con los ciudadanos en toda la geografía española, captar militancia comprometida con un proyecto político contracorriente, lograr cobertura en los medios informativos, etc, y sólo eso ya es motivo de satisfacción. La abstención, esta vez, ha afectado a todas las listas políticas sin excepción. Por otro lado, existen serios y más que contrastados indicios de que parte de nuestros votos han sido contabilizados –en lugares donde no contábamos con interventores- a la primera candidatura con denominación falangista que aparecía en los listados oficiales. Pero, prescindiendo de esta cuestión real, que no queremos utilizar en modo alguno como excusa, no seríamos sinceros si no reconociéramos también que, en cuanto a sufragios, no se ha visto correspondido el sobreesfuerzo humano, material y organizativo que, para una formación como la nuestra, modesta y casi recién nacida, supone concurrir a unas elecciones, sobre todo tan seguidas de las generales. No obstante, tenemos los pies en el suelo y somos conscientes tanto de nuestras limitaciones objetivas como de que hemos elegido, deliberadamente, un camino difícil, pero que consideramos más prometedor. Un camino que ha supuesto partir prácticamente de cero y no dirigirnos al electorado pseudofalangista más tradicional, sino abrir nuevas brechas de atención en nuestros días a un sugestivo mensaje, fresco y renovado, en el que seguimos creyendo firmemente. Como nosotros sí nos diferenciamos de los usos políticos que acabamos de criticar, obviamente tendremos que reflexionar internamente. Y, siempre, siempre, caminar, acertando unas veces y equivocándonos otras, hasta ir vertebrando desde la base, desde la humildad, pero también desde la audacia, una alternativa política y social frente al discurso dominante.

El compromiso del falangismo democrático y social, una de las pocas opciones políticas que tiene aún algo nuevo que ofrecer a los inconformistas, a las personas que no están satisfechas en un mundo chato y carente de ambiciones sociales, no decae. Falange Auténtica seguirá recogiendo el reto de reclamar que Europa signifique otra cosa distinta de meros acuerdos mercantilistas, que se adopten de una vez medidas serias y decididas para hacer un mundo más habitable para todos.

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