Mientras los dirigentes de media España despotrican contra los de la otra media. Mientras intentan conseguir que sus odios interesados se reflejen en una igual división de los españoles en dos bandos enfrentados. Mientras se despellejan, en el fondo, tan sólo para saber quién va a ser el siguiente que disfrute del poder para hacer las mismas cosas dentro de unos meses. Mientras esto es lo que sale en los periodicos, miles de ciudadanos han secundado manifestaciones para protestar por un problema que es mucho más real que los que artificialmente engordan los grandes partidos políticos para hacer creer que sus peleas son las unicas cuestiones a las que se deba prestar atención.

Este fin de semana muchos ciudadanos, en su mayor parte jóvenes, han salido a las calles a protestar por la dificultad, muchas veces insuperable, que supone conseguir disponer de una vivienda digna en España.

 

Para disponer de una vivienda, los jóvenes dedican, como media, más del 55 % de su salario al pago de la misma.

 

En esta realidad, que no está ni mucho menos al alcance de todos, es en lo que queda el derecho constitucional a la vivienda digna. Y a la calle han salido muchos a recordarlo. ¿Dónde estaban los grandes partidos políticos? ¿Dónde están las propuestas firmes y razonables para acabar con el gran problema de la vivienda en España? Obviamente los partidos tenían otras cosas que hacer. Sobre todo garantizar, con insultos, crispación o lo que fuera necesario, que el partido contrario perdiera unos cuantos votos para las próximas elecciones.

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Ha finalizado una intensa campaña electoral para quienes formamos Falange Auténtica. Con el redoblado esfuerzo personal a que la modestia de nuestros medios nos obligan, hemos llevado a las circunscripciones en las que nos presentamos un mensaje contracorriente que pone el acento en las personas, en los proyectos, en la participación ciudadana. Un mensaje fresco y transgresor frente a los fríos y desgastados clichés con que la mercadotecnica de los grandes partidos nos ha bombardeado estos días.

 

Hemos escuchado, como es costumbre en campaña electoral, muchos despropósitos. Pero, sin duda, la palma se la ha llevado José María Aznar cuando aseguró que todos los votos que no vayan al Partido Popular contribuyen a que ETA esté en las instituciones. Se puede -y a nuestro juicio se debe- criticar la política antiterrorista del actual gobierno, pero de ahí a sostener semejante memez hay un largo trecho. Cuando un votante de a pie elige la lista de Falange Auténtica, o la de los independientes de su pueblo, o incluso la candidatura de sus convecinos que han decidido presentarse bajo las siglas PSOE o IU, no está favoreciendo la presencia de los terroristas –eso es un disparate- sino sencillamente eligiendo los concejales que le parece más conveniente para su localidad.

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Durante estos días se cumplen diez años del secuestro, condena a muerte y ejecución de Miguel Ángel Blanco Garrido, vecino y concejal por el Partido Popular de Ermua .

 

A nadie que viviese aquellas cuarenta y ocho horas de angustia, de chantaje, de muestras de solidaridad, de valentía, de rabia contenida e incontenida, se le habrá borrado de la memoria la implicación de todo un pueblo por encima de diferencias ideológicas y de lugar de procedencia.

 

Durante esos dos días el pueblo dio una lección de orgullo, de unidad, de reacción ante un ataque. Por un momento parecíamos recuperar ese carácter de justicia y de dignidad que habían caracterizado a nuestro pueblo en anteriores etapas de nuestra historia.

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La prensa malagueña y nacional está revuelta debido al resultado de las elecciones municipales en el municipio de Ardales. Las urnas arrojaron un resultado que abre puertas a diferentes posibilidades: 5 concejales para el PSOE-A, 4 concejales para IU-LV-CA y dos concejales para FA, nuestro partido.

 

Por diferentes motivos, el Partido Socialista, que lleva gobernando cuatro mandatos consecutivos, varios de ellos con mayoría absoluta, ha declarado no estar dispuesto a pactar ni con Falange Auténtica ni con Izquierda Unida, por lo que se ha abierto la posibilidad -y de ahí el escándalo de los políticamente correctos- de que se produzca un pacto entre IU y FA, que posibilitaría el relevo de Salvador Pendón, actual presidente de la Diputación de Málaga, como alcalde y, consecuentemente, la formación de un nuevo gobierno municipal encabezado por el candidato de Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria por Andalucía y votado por sus ediles y los dos de Falange Auténtica.

La dirección provincial de IU en Málaga ya ha anunciado que, si se produce el Pacto, se procederá a la expulsión de los concejales ardaleños de IU. Cabe la posibilidad de que semejante amenaza tenga que llevarse a efecto, puesto que los dirigentes locales de IU en Ardales, liderados por su cabeza de lista Juan Calderón, han declarado que el pacto no debe descartarse, habiendo además emitido una serie de opiniones sobre Falange Auténtica que difieren mucho de la imagen que habitualmente se le atribuye a nuestro partido. No nos preocupan los problemas que los dirigentes provinciales de IU tengan para explicar a su militancia cuál es su concepto de democracia interna o dónde queda la autonomía de los grupos locales, aunque será una cuestión curiosa.

 

Mientras, en Falange Auténtica, se actúa de acuerdo con nuestra Declaración de Principios y, para empezar, se da el máximo protagonismo a la hora de decidir al núcleo de Ardales, cuya adscripción clara y permanente a los valores, postulados y estrategias de Falange Auténtica, son garantía más que suficiente de que su decisión final, sea la que sea, será beneficiosa para nuestra organización y responderá a nuestras expectativas pero, sobre todo, será la que se considere mejor para Ardales, que es lo verdaderamente importante.

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"No reniego de mi origen,
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido,
los factores de un comienzo.
Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado,
no pueden darlo por bueno.
Gabriel Celaya

No es nuestra costumbre hacer comentarios respecto a las actividades de aquellos grupos de ultraderecha que, por su denominación y simbología, resultan fieles continuadores de la manipulación sufrida por el pensamiento de José Antonio durante la dictadura franquista. Siempre hemos preferido demostrar en positivo -con una línea política distinta, con hechos, con pronunciamientos públicos y con actividad- que existe un falangismo auténtico y actual, de inequívocas convicciones democráticas y con irrenunciable vocación social. Sin embargo, en alguna ocasión hemos tenido que romper excepcionalmente esa norma. Si la existencia, discurso y actividad de estos grupos perjudica siempre a la percepción que la sociedad tiene de nuestra identidad política -dado el confusionismo que ciertas denominaciones introducen ante la opinión pública-, hay veces en que la trascendencia mediática de algunas concretas actuaciones enloda con especial intensidad la imagen del falangismo. Así, nos sentimos obligados en su día a pronunciarnos contra cierta manifestación xenófoba ante la sede del PSOE en Madrid, en un comunicado en el que condenábamos pública e inequívocamente semejante iniciativa.

En esta ocasión nos vemos forzados también a salir al paso de diversas convocatorias que, al hilo del 71º aniversario de la sublevación del 18 de julio, reivindican la fecha y lo hacen, para mayor escarnio, con denominaciones de Falange y, en algún caso, con un discurso que causa vergüenza ajena, un planteamiento tan lamentable, tan guerracivilista y tan fuera de lugar como "si hay que volver a pasar, pasaremos.

No cabe duda de que, en julio de 1936, la experiencia de la II República, por desgracia, había ya fracasado y que, con hechos como la previa sublevación izquierdista de octubre de 1934 contra el gobierno republicano, la persecución religiosa tolerada -cuando no alentada- desde el poder, la arbitrariedad gubernativa, el asesinato del líder de la oposición parlamentaria por parte de las fuerzas de seguridad del propio Estado y el clima generalizado de violencia, ni siquiera cabía hablar en rigor ya de un verdadero Estado de Derecho. Se había desembocado en una situación en la que, lamentablemente, ningún sector político parecía estar dispuesto a convivir pacíficamente con el otro. El alzamiento del 18 de julio y el innegable apoyo popular que obtuvo en una buena parte de la sociedad española –equivalente al rechazo que levantó en la otra mitad de la misma- pudo ser, en su origen, una reacción comprensible frente a una concreta situación de caos o frente al peligro cierto de que España pudiese derivar hacia una dictadura de influencia soviética. A la vista de muchos documentos históricos -incluso algunas proclamas originarias- muchos de los alzados no pensaban ni remotamente en instaurar un régimen autoritario que durase cuatro décadas, sino en actuar ante una grave situación de emergencia y de excepción, para luego encauzar el rumbo de la propia República. En todo caso, quédese dicho análisis para los historiadores.

Lo cierto e incuestionable, desde la perspectiva que el tiempo nos ofrece, es que esa fecha se acabó convirtiendo en el origen de una sangrienta guerra civil de tres años y en una dictadura de casi cuarenta. Nada, pues, que pueda hoy celebrarse desde una mínima sensatez.

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