Preguntas para un debate

¿A qué edad nos reconocerán nuestros padres de la patria la mayoría de edad democrática? La mayoría de edad legal ¿no es a los 18 años? Entonces, ¿por qué, si ya hemos cumplido 30 de democracia, no nos conceden por fin la carta de ciudadanía plena?

 

¿Qué justificación tiene a estas alturas que sigamos sujetos a las listas cerradas y bloqueadas que las cúpulas de los partidos nos dan confeccionadas, casi siempre por criterios de docilidad y servilismo a unas siglas y no de valía política? ¿Cómo se explica que aún no podamos elegir libremente a nuestros representantes políticos sin ataduras? ¿Y cómo es posible que esto se mantenga incluso en las elecciones locales en municipios rurales, donde las personas se conocen y se tratan directamente?

 

¿Por qué los alcaldes son elegidos por los concejales, interpretando en ocasiones –con mayor o menor acierto- cuál sería la voluntad de sus electores –como acabamos de hacer en Ardales- pero también en otros casos guiándose por compadreos políticos y repartos de influencias? ¿Por qué no una segunda vuelta que permita la elección directa de alcalde por los vecinos cuando ningún grupo político haya alcanzado mayoría absoluta de concejales?

Un concejal de FA coordinó la participación municipal en la 1ª votación por internet en España

¿Qué sentido tiene un Senado que duplica las funciones del Congreso (y, de paso, el número de funcionarios, el número de parlamentarios, el número de sueldos, el número de días que se tardan en tramitar las leyes…) como mera cámara de segunda lectura, sin ejercer verdaderamente la representación territorial que tiene constitucionalmente atribuida sino, como el Congreso, sólo la representación de los partidos?

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Una divertida canción de Javier Krahe, Un burdo rumor, incluía el verso que encabeza estas líneas… En este caso, mi encuesta supongo que tendrá el mismo rigor científico que la del ingenioso cantante –o sea, ninguno- pero a mí me parece que puede ser indicativa de algunas cosas. Y como supongo que el CIS no va a preguntar por los contenidos de la web de FA y este partido no tiene dinero como para contratar a Sigma Dos, Demoscopia y esta gente, pues nos tendremos que conformar con lo que hay…

En las últimas semanas he llevado a cabo, como digo, un pequeño experimento sociológico -muy doméstico- en mi entorno de amigos, conocidos y compañeros de trabajo. Les he comentado a todos lo que exponía recientemente Carlos Javier Galán en un artículo publicado en la sección de Sindical en esta web. Les he explicado que los grandes sindicatos -o sea, las organizaciones cuyo pretendido fin es defender a los trabajadores- consideran un modelo adecuado la llamada moderación salarial. A saber: que tanto en períodos de crisis como en períodos de bonanza, los sueldos de los trabajadores crezcan poco. Les detallo que no es que, finalmente y tras el tira y afloja con las organizaciones empresariales, sólo sea posible conseguir subidas pequeñas, sino que a priori, antes de iniciar el proceso, las direcciones nacionales de UGT y CCOO han firmado un documento en el que imponen a sus secciones que no negocien nunca, en lo distinto sectores, incrementos de salario por encima de la previsión de inflación del gobierno, alegando que eso perjudica a la competitividad de las empresas.

Tres cosas he constatado de forma generalizada en mis interlocutores:

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Ardales es un pueblo malageño que no tengo la fortuna de conocer, pero Ardales es también un símbolo, un símbolo para esta Falange que está escribiendo la historia de aquélla que no pudo ser.

 

A veces me indigno ante la historia tremenda que nos colocó ante la disyuntiva de tener que elegir, cuando éramos un embrión de organización política. Han pasado ya setenta años. A veces también he fantaseado con otras historias posibles. ¿Y si la Falange y la CNT hubieran creado en aquella España rota un tercer frente rojinegro? Desde luego, Falange y CNT eran las auténticas moscas cojoneras en sus respectivos bandos.

Pero ahora llega Ardales y la oportunidad de escribir otra historia, nuestra historia.

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Cada año lo mismo: todos los medios se afanan en saber quién ganó (¿?) el debate sobre el estado de la nación. Como si fuera un combate de boxeo o algo parecido. Dentro de la completa degradación que sufre la res publica en nuestro país, se toman como normales muchas cosas que no deberían serlo. Y una de ellas, sin duda, es ésta.

 

El parlamento debería servir para que nuestros supuestos representantes debatiesen sobre las distintas propuestas y, finalmente, legislaran en beneficio del bien común. En el caso concreto del debate sobre el estado de la nación, su finalidad, en una democracia parlamentaria, es que el ejecutivo rinda cuentas ante el órgano que representa la soberanía popular.

 

El fin, pues, debe ser el análisis de la gestión previa de gobierno y de los proyectos de éste para el futuro inmediato. El debate debe ser el medio para conseguir ese fin. Pero nos encontramos con que el medio se convierte en fin y, en lugar de analizar el fondo, nos centramos en analizar las formas, no qué se debatió sino cómo se debatió.

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La directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regár s, ha concedido una entrevista a una publicación de Comisiones Obreras, Tribuna de la Administración Pública en la que, entre otras muchas perlas (sus declaraciones son, en conjunto, una exhibición de sectarismo), ha manifestado que "los grandes logros sociales de este gobierno se venden mal porque la prensa no es del gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos.

 

Tiene un mérito innegable reunir tantas estupideces en una misma frase. Normalmente, esto habría que trabajarlo con empeño, pero me parece que a Regás le sale así, fluido y de forma natural. Sin embargo, estoy seguro de que, si se lo propone y tal vez hasta sin proponérselo-, puede superarse en el futuro. En lo de las estupideces quiero decir, porque en lo literario hace tiempo que no da mucho más de sí.

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