Crítica de la Argentina - Edición Sábado 7 de Junio de 2008

Pasaron tres días en el Puente Internacional. Lo hicieron crucificados como símbolo de la pobreza y la miseria. Fue en La Quiaca, la ciudad emplazada en el norte de Jujuy, cabecera del departamento de Yavi que funciona como paso fronterizo con Bolivia. Lo hicieron en La Quiaca a 3.400 metros sobre el nivel del mar. A la vista de 10 mil habitantes que no tienen nada.

Jesús Olmedo, el cura español que llegó a esas tierras en los 70, y sus seguidores buscaron esa forma de reclamar por el hambre y por la miseria. Pero no los escucharon. Por eso decidieron marchar. Dejaron el puente y a las cuatro de la tarde del jueves llegaron al pueblo y al municipio. Y lo tomaron. Eran 300 personas las que pasaron la noche en reclamo y ayer, a las ocho de la mañana, el juez penal de turno, Jorge Álvarez Prado, dio la orden de desalojar y de reprimir.

Casi 50 efectivos de la policía avanzaron hacia el Concejo Deliberante disparando escopetas con balas de goma. A las ocho de la mañana, los chicos que cruzaban la plaza para ir a sus escuelas quedaron atrapados entre la policía y los otros. Adentro de la Municipalidad había mamás con bebés.

Pero los policías avanzaron con violencia. "Yo tengo infinitas marchas encima, pero jamás vi una represión tan violenta, tan dura como la de hoy, dijo a Crítica de la Argentina el cura Jesús Olmedo. Los chicos lloraban porque no entendían qué estaba pasando. Durante dos horas que duró en enfrentamiento los chicos gritaron sin parar.

La policía no se retiró y los hombres más jóvenes, cansados, les entraron a palazos. Pero de pronto algo pasó. Se armó la pueblada. Más de 5.000 personas se agruparon alrededor de la pelea. Y gritaron: "El pueblo unido jamás será vencido. Y cantaron. Fuerte. Tanto que rompieron la pelea. Los policías se fueron pero dejaron huellas: 34 personas heridas de las cuales 15 tuvieron que ser hospitalizadas. "Yo ligué un palazo en la pierna, dice Olmedo, pero nada que tenga gravedad. No corrió la misma suerte una mujer de apellido Márquez. Tuvo lesiones producidas por las esquirlas de una bomba de gas que la policía le arrojó.

Ella estaba en la protesta y ahora está internada en el Hospital de La Quiaca. Márquez trabajaba en la planta estable de la Municipalidad hasta que asumió el nuevo intendente y la echó.

Desde ese momento comenzó a cobrar un plan social de 400 pesos. Pero Márquez tiene ocho hijos que son suyos y cría a los seis hijos de la hermana. Ella y los 14 chicos viven en una casita de chapa. Según el padre Olmedo es pobre "pero de una grandísima dignidad.

Pedro Olmedo es hermano de Jesús y obispo de la Prelatura de Humahuaca. Pedro estuvo en la marcha de la que fue sacado a la fuerza después de sufrir un principio de intoxicación por la inhalación de gases lacrimógenos. Pero antes le avisó al gobernador de la provincia, Walter Barrionuevo.


Lo llamó por teléfono: "Gobernador, por favor, fíjese que hay muchos niños en la calle. Pero Barrionuevo desestimó la represión y la calificó como "apenas forcejeos. "Queremos que se declare a la Puna como zona de emergencia. Lo único que pedimos es que inviertan acá. Que generen trabajo, que aumenten los planes sociales, dice Jesús, el cura.

En la pelea, los policías arrastraron por el piso a José Luis Martínez, el dirigente de la Multisectorial de La Quiaca. Su silla de ruedas quedó perdida entre la multitud. La Corriente Clasista y Combativa de Jujuy también repudió los hechos de violencia y responsabilizó "al gobierno nacional, al de la provincia y al municipal por la brutal represión. Y es que la Puna está en emergencia aunque no la declaren. "Somos todos pobres y acá no llega nada, dice Jesús Olmedo. "Nadie comparte con nosotros, por eso a nosotros no nos importa lo que pasa con el campo.

La Prelatura tiene 89 comedores en la región, que reciben 2.000 chicos todos los días. La gobernación les pasa 50 centavos por cada chico como único concepto de alimentos.

"Hace ocho años que pasa esto. Y no podemos más, reclama Olmedo. "Le mandamos una carta a la presidenta Cristina en la que le planteamos la situación terrible en la que viven los quiaqueños. Pero no tuvimos respuesta. Que no se fije tanto en los trapos la Presidenta, porque nosotros estamos descamisados.

 



Y los 5.000 se llamarán al silencio. Pero antes habrán ido a misa y a una marcha con antorchas con la Legislatura como destino. El lunes se volverán a reunir para plantear nuevos caminos que quieren hacer llegar hasta la Corte de La Haya.

"La desnutrición infantil en la Puna llega al 50%. ¡Qué nos importan los líos del campo! Acá las mejoras nunca llegan. En marzo murieron cinco personas en el Puente Grande y nadie da respuestas, explica Olmedo sentado en la plaza del pueblo y sonriendo mientras empieza de nuevo la lucha. Esta vez con una huelga de hambre.