Por Mendelevio.

Ofrecer soluciones sencillas a problemas complejos suele ser una de las señas de identidad de los populismos. En la reciente polémica, que no debate, sobre las macrogranjas tenemos un ejemplo de ello. El nostálgico de la desaparecida Alemania comunista, Alberto Garzón, habla de la ganadería extensiva como una palabra mágica, solución a todos los problemas, y desde VOX han entrado al trapo defendiendo de forma acrítica el modelo de ganadería industrial, sin tener en cuenta su impacto sobre los acuíferos o sobre otras actividades del mundo rural, como el turismo rural o las segundas residencias.

La ganadería extensiva ¿es más sostenible? Depende de los casos, en zonas de clima árido una ganadería extensiva de cabras (por ser el animal menos exigente en cuanto a pastos) ha podido contribuir, a causa de su abuso, a la deforestación y desertificación. Según Fernando G. Barroso Profesor de Biología Animal de la Universidad de Almería: ‘El ganado, y especialmente el ganado caprino, ha sido considerado desde muy antiguo, una de las causas más importantes de la degradación del medio ambiente…. Las críticas hacia el ganado son realmente el resultado de una sobrecarga ganadera y la falta de un sistema racional de cría y manejo de este ganado. La cabra u otro rumiante no son capaces de destruir la vegetación natural sin la ayuda del hombre. Es decir, el problema no es la cabra «per se», sino su sobrepastoreo incontrolado y continuado… La clave del pastoralismo actual es determinar la capacidad sustentadora de cada pasto; es decir, establecer el número máximo de animales que pueden alimentarse sin deteriorar la vegetación, ya que mantener una carga ganadera superior a la que puede sostener una zona, o sobrepastoreo, puede alterar la composición botánica de una comunidad vegetal’.[1] Esta ganadería puede ayudar al mantenimiento de los montes, previniendo incendios, por ejemplo, o puede acabar con la vegetación que protege el suelo.

¿Puede la ganadería extensiva de porcino sustituir a la intensiva? Claramente no, y no sólo por costes económicos, sino porque los ecosistemas admiten una cantidad finita de cabezas de ganado.  En palabras del Presidente de la Fundación Naturaleza y Hombre, Carlos Sánchez: ‘Todo depende del uso que se haga del territorio. El cerdo ibérico es un producto propio de la dehesa, y que produce una rentabilidad imprescindible para su conservación. En las zonas ganaderas, nuestra recomendación es de no abusar de la carga, marcar límites que impidan una excesiva presión. Tenemos que trabajar en la sostenibilidad del aprovechamiento, y eso hay que llevarlo a otro tipo de ganado, por ejemplo si por efecto de la política agraria comunitaria aumenta el vacuno. En caso de saturación podemos llegar al colapso, afectando al suelo, la flora, la fauna, las lagunas... a todos sus valores’[2]. No hace falta recurrir a una bibliografía muy especializada, cualquier alumno de grado lo tiene claro: ‘El pastoreo con ganado en la dehesa asegura el rápido reciclado de los nutrientes y su productividad. En cambio, el pastoreo inadecuado genera compactación superficial del suelo, disminuyendo la infiltración y las reservas hídricas, incrementado por ende la erosión de los suelos. Esta puede verse favorecida por la presencia del ganado sobre la dehesa durante periodos deficitarios de alimento, en verano principalmente, pudiendo quedar el suelo desnudo por la sobreexplotación de los pastos y así expuesto a las torrenciales lluvias otoñales. Una concentración excesiva de ganado también puede provocar la degradación química de los suelos por exceso de nitrógeno, que se encuentra presente en la orina y en los excrementos del ganado. Un exceso de este componente de los suelos podría provocar la muerte de los árboles.’[3]

Ganadería extensiva, claro que sí, pero no en todos los lugares ni de cualquier forma.

En el caso de las dimensiones de la explotación el gran tamaño es el único problema y disminuirlo es la varita mágica que buscan los políticos como solución milagrosa. La respuesta, es otra vez matizada. En el caso de la zoonosis, esto es: enfermedad o infección transmisible de manera natural entre los animales y las personas, directa o indirectamente, claramente sí. Hay una correlación directa entre la cantidad de animales que conviven y las posibilidades de contagio y mutación de los patógenos, pero también la concentración de los animales, si la explotación está controlada por veterinarios, facilita su eliminación para contener la difusión de la enfermedad. Una ganadería intensiva tiene que tener un estricto control veterinario también para evitar el abuso en el uso con los antibióticos, ya que los patógenos pueden generar resistencias a los mismos, con lo cual estaríamos indefensos ante enfermedades infecciosas, para ello la OMS recomienda: ‘Administrar antibióticos a los animales únicamente bajo supervisión veterinaria. No utilizar antibióticos para estimular el crecimiento ni para prevenir enfermedades en animales sanos. Vacunar a los animales para reducir la necesidad de antibióticos y utilizar alternativas a estos siempre que las haya.’[4]

 

 

¿Contaminan más las macrogranjas los acuíferos que explotaciones pequeñas? Plantear así la pregunta es hacernos trampas al solitario, lo que contamina son los nitratos que echemos al suelo en los purines, teniendo en cuenta que en un territorio, por ejemplo un valle, el acuífero es el mismo, los aportes de nitratos al agua serán similares los aportados por una sola explotación de 20.000 cabezas, que 20 explotaciones de mil, al final los nitratos que no absorban las plantas acabaran en el mismo sitio: los acuíferos[5]. La solución pasa por saber cuántos nitratos en el largo plazo puede absorber la tierra, y adecuar la ganadería a ello, de la misma  forma que hay mapas de ruido en los barrios de las ciudades y no se pueden conceder nuevas licencias para actividades que lo generen se debe hacer lo mismo con la ganadería.[6] Es necesario conocer el impacto y el estado de los acuíferos antes de conceder nuevas licencias. Por ello llevan peleando grupos de vecinos en pueblos de ambas Castillas, en grupos como Pueblos Vivos Cuenca. En Castilla la Mancha en 2019 PSOE y PP votaron en contra de esta moratoria a nuevas explotaciones [7] y en 2022 han votado a favor[8]. ¿Por qué este cambio de actitud?  A parte del ruido provocado por ese ministro prescindible y pirómano que es Alberto Garzón, tenemos que el principal motivo que llevó a esa burbuja, que era la exportación a China como es la peste porcina está evolucionando[9]. Pero ¿Qué consecuencias tiene este retraso en aprobar la ley? Pues nefasto, ya que en esos tres años el Gobierno de Castilla la Mancha ha concedido licencias a destajo, bordeando la ley, en cuestiones como informes de suministro de agua de las confederaciones hidrográficas[10] o autorizando inicialmente pequeñas explotaciones a las que se les permite posteriormente ampliar la explotación[11], sumado esto a que se sigan construyendo las macrogranjas porcinas que ya tienen expediente en trámite o aquellos proyectos que no necesitan Autorización Ambiental Integrada por tener hasta 2.000 animales[12]. Vemos aquí que al poner el foco sólo en las macrogranjas, dejamos de mirar a esos centenares de explotaciones de menos de 2.000 animales que diseminadas por el territorio contaminan las aguas. El servilismo de García Page y el PP y PSOE castellano manchegos hacia la industria cárnica está dejando una factura vía contaminación de las aguas que pagarán nuestros nietos[13] ya que a la contaminación ya existente[14] se va a sumar la que van a seguir produciendo todas estas explotaciones que se han autorizado sin tregua estos últimos años.

Otro uso posible del desecho de la ganadería industrial, los purines, es su transformación como biocombustible[15]. En 2014 el gobierno del PP quitó las subvenciones a estas plantas, con lo que tuvieron que cerrar[16]. Uno de los problemas en la gestión de los purines (en uso como fertilizante, y como energía o además en su almacenamiento) es su volumen (ya que es fundamentalmente agua), lo que encarece su transporte, tanto para ser abonados campos lejanos a la explotación como llevado a la planta de biogás, agravado este problema con la subida de los precios del gasoil. En el caso de poder usar el purín para generar biogás ¿no sería más rentable situar al ganado cerca de la planta ahorrando costes de transporte en vez de diseminados por la comarca?

Desde el punto de vista de economía social que defendemos, evidentemente apostamos por numerosas pequeñas explotaciones familiares frente a grandes macrogranjas propiedad de corporaciones  en la que los pocos empleados son asalariados. Pero otra vez la realidad es más compleja, ya que aunque el titular de las pequeñas granjas sea un ganadero individual, este no deja de ser una pieza en el engranaje de la ganadería integrada. Ya en 2016 los ganaderos se quejaban de este modelo: ‘El ganadero pone su trabajo, el agua, la energía y las instalaciones de la granja, que han de contar con los niveles de exigencias de la empresa integradora. Ésta aporta los animales recién nacidos y los piensos y manda por entero en cuestiones de fechas de inicio y recogida y de precios por la contraprestación de servicios del granjero, quien se queja cada día más de estar mal pagado y sufrir complejos cálculos de rendimientos para escatimarle parte de lo que le correspondería[17]. El ganadero vendría a ser una suerte de falso autónomo, ya que trabaja para un único cliente, que es el que fija los precios y le provee de los insumos necesarios (desde los lechones a los piensos). El ganadero es el que se hipoteca para construir la instalación y es él quién responde judicialmente ante las posibles sanciones medio ambientales y sanitarias. No estamos ante un modelo de ganaderos propietarios, sino ante un mecanismo de la industria ganadera para eludir el rechazo social, ahorrarse la inversión en instalaciones y zafarse de las posibles consecuencias legales de su impacto o de la coyuntura de los mercados internacionales. En el caso de Castilla la Mancha el gobierno de García Page ha alentado a numerosos pequeños ganaderos a hipotecarse para la construcción de estas granjas y serán los grandes perjudicados con los cambios normativos a los que en los próximos años obligará la Unión Europea a España para la protección de sus acuíferos. No olvidemos que la Comisión Europea lleva a España a juicio por infringir la Directiva de nitratos agrícolas[18], lo que tarde o temprano forzará a España a tomarse en serio la protección de sus aguas. Aquí volvemos a ver que poner el foco únicamente en las macro granjas no nos deja ver todas las dimensiones del problema. Una medida interesante es hacer a las empresas cárnicas responsables subsidiarios de las indemnizaciones que deban hacer frente los ganaderos que tengan integrados, en caso condenas por impactos medio ambientales o a la salud.

Cuando Vox sale en defensa acrítica de la ganadería industrial[19] no valora el impacto sobre las demás actividades que se desarrollan en el mundo rural (turismo, segunda residencia…) o incluso sobre la calidad de vida de los habitantes. No se puede defender de forma acrítica esta actividad, que ya sabemos a dónde conduce a comarcas enteras, como Osona en la Cuenca del Ter[20], municipios como Balsas de Bes[21] o a la situación a la que ha llegado el Mar Menor[22]. No podemos defender un modelo que genera beneficios para unos y perjuicios para todos, y que hipoteca el futuro de las siguientes generaciones.

No se puede hacer política con cuatro consignas, sino que es preciso buscar las soluciones técnicas que garanticen la alimentación asequible para toda la población, la viabilidad del sector primario español y un medio ambiente que garantice la calidad de vida de los habitantes del medio rural, pero desgraciadamente es pedir demasiado a nuestros políticos.

 

 

[1] Desertificación en Almería De los tópicos y malentendidos a las causas y consecuencias - Grupo Ecologista Mediterráneo (PDF)

[2] La agonía del paraíso del jamón ibérico: la dehesa puede desaparecer en 40 años

[3] CRISIS Y DETERIORO DE UN PAISAJE CULTURAL. LA DEHESA IBÉRICA, Alejandro Cases Martínez y Naiara Marroquí Ferrández.

[4] Resistencia a los antibióticos

[5] La Comisión Europea pide medidas urgentes contra la contaminación del agua causada por nitratos

[6] Medirán el ruido fuera de los bares para dar más licencias

[7] Rechazada la moratoria a la ganadería industrial que pedía Podemos

[8] Castilla-La Mancha aprueba una moratoria para no instalar macrogranjas hasta 2025

[9] China y la peste africana explican el auge de las granjas de cerdo en España

[10] Varias organizaciones contra una granja porcina que usaría 25 millones de litros de agua

[11] Luz verde para la ampliación de una granja porcina en Socovos

[12] Decepción entre las plataformas contra las macrogranjas que ven insuficiente la moratoria en Castilla-La Mancha

[13] Polán pide no consumir el agua por un problema de cloración, aunque vecinos apuntan a los purines

[14] Los nitratos de origen agrario, un problema en la contaminación de las aguas que también llega a Toledo

[15] Fondos europeos para cambiar purines por biogás

[16] Cierre definitivo de las plantas de purines de Consuegra y Polán

[17] El Gobierno pone su lupa sobre la ganadería integrada

[18] La Comisión Europea lleva a España a juicio por infringir la Directiva de nitratos agrícolas

[19] VOX presenta en todos los parlamentos autonómicos una PNL de apoyo a los ganaderos y sus productos

[20] La mitad de las fuentes del Ter en Osona y Lluçanès, contaminadas por purines

[21] Balsa de Ves, el pueblo de Albacete que lamenta el día en el que se instaló una macrogranja de cerdos

[22] COAG reconoce que «los nitratos han sido una de las causas del deterioro del Mar Menor, pero no la única»

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