Nadie puede dudar de la radical oposición que los falangistas auténticos hemos mostrado al régimen de Sadam Husein, de nuestra rechazo radical hacia los crímenes cometidos contra su propio pueblo –kurdos, chíies y cuantos mostraron su disidencia- y también contra la nación iraní, durante una guerra alimentada con interesados suministros occidentales.
Pero una brutalidad no puede justificar otra brutalidad. El singular procedimiento judicial y el ahorcamiento, la pasada madrugada, del ex dictador iraquí no es, como ha asegurado George Bush, un hito importante en el camino hacia la democracia en Iraq, sino, por el contrario, un episodio negro que nada tiene que ver con un verdadero Estado de Derecho.



Pero además, para Falange Auténtica supone un motivo de consternación que el golpe haya sido dirigido contra el jóven abogado de treinta y cinco años y líder emergente de las Falanges Libanesas, Pierre Gemayel, nieto del fundador de la mismas y sobrino de nuestro recordado Bashir Gemayel, también asesinado por los servicios secretos sirios cuando ejercía el cargo de Presidente de la República.
