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La semana pasada les hablé, ciertamente desalentado, del asalto al poder judicial. Asalto perpetrado, como viene siendo ya costumbre, sin disimulo ni arrepentimiento. Ya saben ustedes de qué va el cuento, de políticos que nombran a los jueces que han de juzgarlos. A ellos y, lo que es más grave, también la constitucionalidad de las leyes por ellos aprobadas. Para escarnio de la justicia y la libertad, a día de hoy, políticos de partido sientan sus reales en el constitucional. Y hasta lo presiden. Tristes destinos los suyos…

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Por Fernando Valbuena
Publicado en El Períodico Extremadura (07/11/2020)

Vivir para ver. Vivir para ver a quienes debieran velar por el patrimonio común de todos los españoles convertidos en saqueadores del tesoro. Las más altas magistraturas enfangadas en su impostura. La lengua común de todos los españoles en almoneda por treinta monedas cainitas.

 ¿Es lícito callar ante semejante atropello? No, no podemos callar cuando los enemigos de España, conjurados con nuestros propios gobernantes, destierran el español de parte de España. Lo otro, callar, es de traidores. Hacer como que esto no va con nosotros es propio de miserables. Yo mismo podría desentenderme de semejante despropósito y buscar acomodo en las medias tintas, en el sol y sombra de los medrosos. Mas no. No se da la espalda a una madre, y menos ante quien la escupe.

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Por Fernando Valbuena
en El Periódico Extremadura (23/11/2019)

¿Cien años de honradez? Cien no, mil. Mil veces mil han repetido la misma mentira. Y no por ello deja de ser mentira. Al menos mientras pueda más la historia que la memoria. La memoria es desmemoriada. Interesada. Torticera. Y tiende a corromperse. A más años, más le anidan bichos inmundos en la melena. Antes bien al contrario, son cien años de corrupción los que lleva el partido a sus espaldas. Cien años trincando. Cien años dando cobijo a los que trincan. Nada sino melancolía queda de aquellos pregonados cien años de honradez socialista.

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Por Javier Castro-Villacañas
Publicado en El Español (21 agosto, 2020)

Es muy conocida la anécdota protagonizada por Fernando VII en su regreso a Madrid una vez finalizada la Guerra de Independencia. El entusiasmo popular, perfectamente organizado por los absolutistas, superó cualquier expectativa y al célebre grito de “¡Vivan las caenas!” se le unió el intento de centenares de madrileños (algunos lo consiguieron) de desuncir las acémilas que tiraban del carruaje Real y sustituirlas por sus propios torsos. Estupefacto ante el espectáculo, Fernando VII no pudo más que sonreír y agradecer el vasallaje popular afirmando irónicamente que “no era necesario” que él “prefería quedarse con las mulas”.

El anterior pasaje representa a la perfección una categoría en la historia de España. No sólo por lo que simboliza respecto a la dependencia en la modernidad del pueblo español hacia sus dirigentes, sino fundamentalmente por la consideración que tiene el poder político respecto al comportamiento sumiso de sus gobernados.

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Por Miguel Hedilla
publicado en La Tribuna de España

Nos escandaliza, y con razón, el independentismo catalán, sus esfuerzos por lograr sus objetivos y, de momento, la incapacidad, dejadez e incompetencia de los partidos nacionales para elaborar un proyecto claro, contundente y eficaz para españolizar Cataluña, pero por mucho que así sea, que lo es, no implica que ello sea el único problema, quizás uno de los mas importantes, pero no el único.

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