A mediados de junio pasado El periódico Extremadura editaba un suplemento especial dedicado a la octava convocatoria del premio "empresario extremeño del año. Dicha publicación se hacía eco de los logros de nuestros empresarios y emprendedores, hablaba del crecimiento de Extremadura, de las nuevas autovías, los nuevos proyectos empresariales que crearán más puestos de trabajo y así un largo etcétera. Pero sin duda, al menos desde nuestro punto de vista, la mejor noticia aparecía enmarcada en un pequeño cuadro y llevaba por título "La ETT, en picado. En pocas palabras se decía que las empresas de trabajo temporal han seguido una peligrosa senda descendente en su actividad, ya que el número de contratos de "puesta a disposición de trabajadores ha descendido a nivel de 1997. Igualmente se decía que los cambios normativos introducidos y la singularidad de la economía extremeña – con fuerte peso en la ocupación del sector agrario y la construcción, donde no operan las ETT - ha hecho que alguna de las ETT tiren la toalla y hayan abandonado el mercado extremeño.
