Los motores se van poniendo en marcha. Las ejecutivas de los partidos políticos van dando tarea a los gabinetes de comunicación, para que de nuevo todo sean mensajes y propuestas de cara a las elecciones. En los pasillos oscuros de la trastienda política ya se deben estar fraguando nuevos pactos, nuevas candidaturas independientes que sólo dependen de si el PSOE o el PP quitan o ponen a éste o al otro en puestos de salida. En fin, llega el circo de las municipales y autonómicas. Un circo donde, por cierto, se juegan el sueldo y, sobre todo, el sobresueldo, muchos piratas de los que no calzan pata de palo pero sí se ponen el parche en el ojo. Sobre todo para no ver las irregularidades que siempre están dispuestos a cometer los que saben que en materia de urbanismo el camino más corto pasa por la puerta de atrás y por debajo de la mesa.

Y a todo esto... ¿usted que opina señora? No se extrañe si algún partido político hasta se digna preguntarle cuáles son sus inquietudes y cuáles sus prioridades para el próximo gobierno municipal al que espera que usted, con su voto, le aúpe. Ya sabe. Son las cosas de la política. Como si no supiéramos ya que, de lo prometido a lo posteriormente realizado, va un gran trecho y que, de todas maneras, con su insignificante y solitario voto, que ya no le volverán a pedir hasta dentro de otros cuatro años, bien difícil es que se ponga exigente y después de votar hasta se le ocurra exigir que se hagan las cosas que se prometieron.

Pues no hay que desfallecer. Todo pasa y al menos ahora los ciudadanos vamos a tener unos meses en que nos van a prestar algo de atención. Y eso es algo que no puede dejarse pasar. Aprovechemos para reclamar más democracia. Aprovechemos para pedir que cambie el sistema, para que no nos veamos obligados a comulgar con ruedas de molino, sólo porque nuestra ley electoral reduce nuestra participación a un mísero voto cada cuatro años. Aprovechemos para responsabilizarnos de nuestro futuro y exigir que la realidad se ajuste algo más al ideal de democracia, que no puede ser considerado sólo como el reparto cíclico de cheques en blanco para que se repartan los partidos políticos mejor financiados. Aprovechemos para reclamar, en estas elecciones que sin duda son las que sitúan al político más cercano al elector, una forma de expresar nuestra voluntad, más democrática, donde cada elector pueda decidir realmente a qué representante apoya y que, si debe apoyar a más de uno, pueda optar por combinaciones diferentes de las que señalen como únicas los partidos políticos. Aprovechemos para recordar que el mayor problema de los que no se interesan por la política es que serán gobernados por los que sí se interesan.

Talio


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