El municipio debería ser el primer baluarte en la defensa de los derechos sociales de sus vecinos. En la actualidad, sin embargo, muchos ayuntamientos han abandonado este rol esencial, transformándose en entidades más próximas a una gestión empresarial que a una administración al servicio de las personas.
Frente a este modelo, urge reivindicar el papel del gobierno local como “ángel guardián” de los derechos sociales, un objetivo irrenunciable para cualquier proyecto político transformador. Esto implica oponerse al conservadurismo institucional que ha convertido a los ayuntamientos en la primera empresa de los pueblos, fomentando un neocaciquismo moderno basado en el control político y la dependencia ciudadana.
