Resulta impactante que ante la crisis que está sufriendo España, sean tan pocos los que se atrevan a sugerir, aunque sea tímidamente, que el motivo principal de esta recesión habría que buscarlo en la propia naturaleza del sistema capitalista.

El planteamiento moral del capitalismo, su combustible y su única energía es el desmedido ánimo de lucro y la consideración de la acumulación de capital en manos de pocos, como un medio lícito de enriquecimiento individual, incluso aunque este sea insolidario.


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Las últimas cifras de la economía española y, lo que también es importante, el pulso de la calle son contundentes a la hora de reflejar la grave recesión por la que atraviesa nuestro País.

 

En pocos meses hemos pasado de las mentiras preelectorales del PSOE negando la mayor, a las mentiras postelectorales del gobierno ZP proclamando que la culpa de todo la tiene la crisis del sistema financiero de los Estados Unidos y que en España, gracias a su gestión, la sangre no llegaría al río.


Independientemente del patetismo de este gobierno, quizás el peor de toda la etapa democrática que ya es decir, con sus declaraciones, contradeclaraciones, medidas y promesas huecas, es evidente que estos sujetos han vivido cuatro años de rentas tan dudosas como la catástrofe del petrolero Prestige frente a las costas gallegas, la manipulación tendenciosa de la oposición a la invasión de Irak por "nuestros (sus) aliados o de remover los odios que creíamos enterrados de la pasada guerra civil, dando carpetazo al llamado espíritu de la Transición política española y dejando al descubierto con ello el verdadero rostro de la izquierda revanchista.

 

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La pitada  que un amplio sector del público, asistente al partido de fútbol entre el FC Barcelona y el Athletic de Bilbao, dedicó al Himno Nacional de España y al Jefe del Estado el pasado miércoles 13 en Valencia se enmarca en la continua provocación  separatista contra la Nación Española que sigue sin tener una respuesta adecuada por parte de los poderes públicos, ocupados mayoritariamente por los dos grandes partidos de implantación nacional, PSOE y PP, que sin embargo no tienen vocación de serlo porque prefieren mantener sus poltronas, y las prebendas que éstas conllevan, a defender principios si alguno les queda ya. Quedando ello demostrado en que pactan y han pactado sin  dificultad con aquellos que no ocultan su interés por destruir a España.


El problema no es únicamente que varias asociaciones radicales subvencionadas por la Generalitat de Cataluña llevaran semanas preparando la ofensa, ni que los presidentes y las juntas directivas de los equipos de fútbol que disputaron la final hayan  comprometido a éstos con las políticas de los partidos independentistas de sus respectivas regiones. El verdadero núcleo del asunto es que quienes tienen en su mano el poder frenar esto, no lo hacen ni tienen intención de hacerlo.

 

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Las cifras recién publicadas por el Ministerio de Trabajo e Inmigración se revelan escandalosas en cuanto al aumento del paro en nuestro País y, por desgracia, podemos estar seguros de que la cosa no acabará ahí  ya que vamos directos a rebasar durante este año la cifra de los cuatro millones de desempleados.

El gobierno mentiroso presidido por Rodríguez Zapatero ya no es capaz de enmascarar sus embustes, pese a la enorme batería mediática que despliega a diario para levantar cortinas de humo surgidas del desprestigio de la oposición y de la moderna versión del "pan y circo cuales son el fútbol y la fiesta (la de "los Goya, con los incondicionales de siempre es un ejemplo reciente).



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Deberían  ponerse en marcha más de 420 medidas para intentar atajar el problema del desempleo. Imprescindible algo de imaginación y sobre todo mucho sentido común y claridad en los objetivos sociales a conseguir. A saber, justicia social, justicia social y justicia social. Además, claro, tampoco cabe despreciar una versión menos esperpéntica de la ayuda de los 420 euros, que se queda corta en cantidad y resulta inverosímil en cuanto a requisitos de concesión.

Ni podemos, ni debemos cerrar los ojos a la tragedia diaria de los desempleados que ven como sus prestaciones y subsidios van llegando a su fin y que intuyen que después de eso, está irremisiblemente el abismo. El paro, más involuntario que nunca, es hoy por hoy, la situación humana más oscura y degradante que imaginarse pueda. Oficialmente inútiles para la sociedad y para sus propias familias, los trabajadores desempleados padecen la peor de las consecuencias del modelo económico liberal, donde no hay personas sino factores productivos. Y para colmo son las personas un factor productivo siempre menos valorado que el capital o la tecnología.

 

 

 

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