Miguel Gil en http://www.lanacion.es/, 23.9.08
¿Se imaginan a Al Qaeda presentándose a las elecciones en Estados Unidos? Si la democracia española fuera mínimamente seria ya hace días que, por lo menos, un ministro y el Fiscal General del Estado estarían en su casa (y el Gobierno en pleno, en entredicho). Son co-responsables directos de que hoy 432 concejales electos bajo la última máscara política de la banda terrorista ETA, ANV, se sienten en sus escaños en localidades del País Vasco y Navarra. La delirante impugnación parcial de las listas de ETA se emprendió con premeditación y alevosía, haciendo oídos sordos a la entonces oposición, al clamor social, a las evidencias informativas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a las investigaciones periodísticas.

Vuelvo a Roma, después de casi un mes de viaje por diversas partes de mi desunida y, cada vez más, desconocida patria española y en mi regreso a esta otra tierra, sucedánea de la mía, que es Italia, donde resido desde hace treinta y un años, sigo fascinado por lo que, para mí, era una novedad absoluta: los últimos días de una campaña electoral y las consiguientes elecciones que la siguieron el pasado 9 de marzo. Contemplaba, extasiado, los debates entre políticos (ya que de este modo se definían las marionetas que se sucedían, ininterrumpidamente, en sus cabriolas ante la pantalla televisiva) y en los posteriores juicios y comentarios de un buen número de mis colegas periodistas-politólogos, que se esforzaban en aparentar, con exhuberantes gesticulaciones y vocerío de grupo, más partidistas y facciosos que los mismísimos ministros, ministras, candidatos y candidatas al futuro Parlamento que, salidos de las más diversas reboticas donde, como píldoras tóxicas y de todos los colores, se elabora el poder rojo, azul, blanco, verde, negro y amarillo, aparecían, sin tregua ni pausa, en la caja tonta.

