Cada vez más, nuestros políticos actúan como si las leyes por sí solas pudieran cambiar las cosas. No es que ellos lo crean así, sería demasiada ingenuidad. Sucede, seguramente, que han llegado a la conclusión de que, como resolver problemas complejos es a su vez complejo, resulta más vendible y electoralmente más rentable promulgar una ley. Cuando se quieran evaluar los resultados de la misma, ya habrá transcurrido un plazo razonable, con lo cual habrá ocasión para renovar la confianza electoral, para echar la culpa a los ciudadanos (esos señores que no compran conejo en Navidad y que dejan un euro de propina cuando toman café, los muy irresponsables), para que la gente se haya distraído en otras cuestiones... o para huir hacia delante promulgando una nueva ley que sustituya a la anterior.

 

Yo sí creo que las leyes son necesarias para cambiar las cosas, pero no suficientes. La realidad es más compleja y, como señala el artículo 9.2 de la Constitución, los poderes públicos tienen la obligación de promover condiciones, buscar efectividad, remover obstáculos, incidir socialmente…Como eso es indudablemente difícil, los políticos se quedan en la mera proclamación formal de derechos, obligaciones y principios.

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Agencias: El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, expresó hoy su "total confianza" en el presente y el futuro de la economía española y acusó al Partido Popular de no ser patriótico con su discurso "alarmista" sobre la situación económica.

 

Zapatero intervino hoy en un desayuno organizado por Nueva Economía Forum, en el que reclamó unas "gotas de patriotismo" a quienes están provocando un "alarmismo injustificado", y también pidió "prudencia y sensatez" a la hora de analizar las cifras macroeconómicas".

 

¡Vaya por Dios! ¡Lo que nos faltaba! En esta España nuestra en la que los separatistas aliados del Sr. Zapatero reclaman selecciones nacionales para sus comunidades autónomas; en esta nación donde esas mismas comunidades se educan en el odio a lo español, sin usar la lengua que lleva tal nombre, deformando la historia o las propias fronteras locales; en este país donde se aprueban estatutos de autonomía insolidarios; en esta nuestra patria, resulta que los que carecemos de patriotismo somos los asalariados que perdemos cada día poder adquisitivo, los parados cada vez más numerosos, las viudas cada vez más pobres, los discapacitados que ven como el presupuesto de la Ley de Dependencia se va en publicidad…

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Si yo fuera asesor de imagen del PP habría estado ya tentado varias veces de darme a la bebida para olvidar. El Presidente del Gobierno reconoce sin rubor que mintió reiteradamente a los ciudadanos –que a mí me parece uno de los hechos más graves de los últimos años- y todo lo más que se le ocurre a Rajoy es decir que "ahora reconocen que teníamos razón y, a continuación, inexplicablemente pasa página. Poco después, anuncia el fichaje de Manuel Pizarro y al día siguiente él mismo se contraprograma con la exclusión de Alberto Ruiz Gallardón de las candidaturas, consiguiendo a pulso llevar ese debate interno a las portadas de todos los medios. Hábil como él solo.

 

Pero, más allá de estas torpezas políticas de Mariano Rajoy, el mismo de los hilillos y del primo científico, más allá también de los corrillos, los dimes y los diretes de tertulianos, me parece que el episodio de la exclusión de Gallardón, su gestación y su resolución final, merecerían alguna otra reflexión. Porque a mí me sigue costando mucho tomar como normales cosas que no deberían serlo.

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MADRID.- De viaje en Metro con el escolta, en el autobús, en el coche de la mujer, en el taxi... Los concejales de la oposición están hartos. Desde el pasado mes de septiembre no han dejado de tener problemas con su coche oficial. "Todos los días hay siete u ocho concejales que no tienen vehículo", reconocen fuentes municipales. (extraído de http://www.elmundo.es/)

La evidente injusticia que vienen padeciendo los pobres concejales madrileños junto a la carestía de la vida, que como todos nosotros, vendrán acusando con sus bajos salarios y que dificulta aún más su abnegada actividad, me impulsa a escribir estas líneas.

¿Pero cuánto nos cuesta un concejal? Se pide a la ciudadanía que no se haga demagogia con este asunto, se nos dice que lo que les preocupa, más que comenzar a prescindir del coche oficial para todos ellos, es un problema de seguridad.

 

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No van a conseguir que les odie. Y no será porque no se esfuercen en conseguirlo. Y no será porque no le pongan afición y profesión a su labor de hacerse absolutamente aborrecibles.

 

Los intolerantes de siempre, atacando a los candidatos del PP o a los candidatos del partido de Rosa Diez o los intolerantes que atacasen, si alguna vez lo hicieran, algún mitin del PSOE o del PNV o de CiU, o del BNG, no van a tener el placer de que les odie, pero, eso sí, se han ganado a pulso mi desprecio más profundo y el rechazo a considerarles alguna vez interlocutores validos. Para intentar averiguar cuál es el mejor camino que en el futuro deberá recorrer nuestro pueblo, que es el suyo, aunque estén empeñados en romperlo y dividirlo, se han autoexcluido estos días unos cuantos energúmenos. Esos que sólo se expresan bien desde posiciones de odio y de agresión física y verbal, que desgraciadamente tienen de espontáneo o de irreflexivo lo que yo de lámpara de aceite.

 

Las doctrinas del odio han existido desde hace muchas lunas y, como las bondades de la tensión y la crispación, tienen un recorrido muy corto, aunque en ocasiones muy dañino. Nada nos es tan ajeno como el utilizar el odio como argumento político y nada es tan impropio del falangismo auténtico como el ataque irracional y chulesco al que piensa diferente que nosotros. En tantas ocasiones hemos sido victimas de la violencia embrutecida de quienes no es que no nos conozcan, sino que quieren que no nos conozcan los demás, que ahora sentimos la solidaridad con Rosa Diez, con María San Gil o con Dolors Nadal como algo casi íntimo. Algo así como un guiño cómplice y triste hacia estas compatriotas, que de repente deben entender un poco más, como se sienten los que antes de hablar ya han intentado obligarles violentamente a guardar silencio.

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