En esta campaña ha quedado muy claro que somos muy diferentes.

 

Porque a nosotros no nos parece un asunto baladí que un presidente del gobierno les mienta a los ciudadanos, diciendo que se han cortado los contactos con los terroristas tras el atentado en Barajas mientras siguen existiendo tales contactos.

 

Porque nosotros no tomamos como normal que quién va o quién no va en una lista electoral deba decidirlo unilateralmente el presidente de su partido, sino que creemos en la democracia de verdad.

 

Porque defendemos la austeridad y no nos parece correcto que con el erario público se costeen con claro despilfarro reformas suntuosas en los pisos para los ministros.

Porque creemos que hay que diferenciar entre las funciones institucionales -al servicio de todos- y las actuaciones de partido y no justificaremos nunca que un político, aprovechando que es alcalde, utilice un vehículo de la Policía Local para dar un pequeño mitin.

 

Porque a nosotros nos parece perfecto que cualquier persona que trabaje legalmente y que cotice en España pueda hacerse una mamografía en la sanidad pública, sea cual sea su nacionalidad de origen, y nos parece irresponsable que un partido político haga un permanente guiño los discursos lepenistas y xenófobos.

 

Porque nosotros no creemos que una campaña electoral consista en crear tensión y en dramatizar por intereses partidistas, sino en difundir y explicar propuestas a los ciudadanos.

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Dos adjetivos que, por el bien de toda sociedad que se precie como tal, deberían ir unidos y de la mano, viven separados y a gran distancia uno del otro, por obra y gracia de buena parte de los dirigentes mundiales.

 

Hace unos meses éramos testigos de uno de los últimos ejemplos de esta sinrazón. Un inmigrante mexicano sin documentos, un inmigrante considerado ilegal por las leyes estadounidenses, era expulsado de Estados Unidos, a pesar de haber demostrado con creces su adaptación al que soñaba con que fuese su nuevo país, una adaptación que más quisieran para sí la gran parte de los ciudadanos de esta potencia armamentística.

 

Jesús Manuel Córdova, de 26 años y padre de cuatro hijos, caminaba por el desierto de Arizona y, después de dos días de esfuerzo, se encontraba a dos horas de su destino final. Podría asegurarse que ya había logrado su objetivo de entrar sin documentación en los Estados Unidos burlando los controles de la policía fronteriza.

 

Pero a Jesús Manuel le aguardaba un obstáculo imprevisto; ése que hace enfrentarse de manera dura a la cabeza frente al corazón.

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¿Qué pasa para que cuando la crisis amenaza, todavía tengamos que escuchar a más de uno clamar al estado para que los sectores económicos afectados más directamente, en este caso el inmobiliario, reciban ayuda para ser reflotados?

 

Adalides del liberalismo en los tiempos del pelotazo y de la especulación, demasiados grandes empresarios se acuerdan de que forman parte de una comunidad organizada y con un estado protector, cuando ven que sus cuentas de resultados empiezan a darles serios disgustos.

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Sin duda, la elección de Rosa Díez como diputada es la mejor y mayor bocanada de aire fresco para la democracia española nacida de la Constitución de 1978.

Rosa Díez, con su hondo reformismo, abre una brecha en la ranciedad política que nos invade. Ahora Rosa Díez, sin embargo, tiene que afrontar la tarea de delimitar el espacio de su partido, pasar de la protesta a la propuesta.

Cuando sus problemas en el PSOE entraron en una vía de difícil solución, se le ofrecieron las listas de Falange Auténtica como soporte para su quehacer político, aunque evidentemente Rosa Díez no pertenece a lo que llamamos falangismo democrático, si bien posiblemente se la pueda considerar como lo más cercano a los planteamientos de FA.

Rosa Díez y su partido UPyD no son falangistas democráticos porque su programa socioeconómico no pasa de un tímida socialdemocracia que renuncia a indagar en las causas profundas de la actual situación de infelicidad que, por motivos laborales o profesionales, afecta a millones de personas en España y en el mundo. Cuestionar el capitalismo puede ser políticamente incorrecto pero sigue siendo una alta tarea moral.

Rosa Díez y su partido UPyD no son falangistas democráticos porque su proyecto de regeneración de la democracia se limita a una loable propuesta de cambiar la Ley Electoral y reformar los mecanismos de elección del Consejo General del Poder Judicial, propósitos ambos tan necesarios como insuficientes si lo que se pretende es iniciar una profunda penetración de la democracia en todos los ámbitos de la vida, consiguiendo que no solamente sea un mecanismo de elección sino también el modo de participar en las cuestiones con nos afectan.

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Pierde lo público, pierde la educación, perdemos todos.

La política educativa de la Comunidad de Madrid presidida por la "lideresa del sector liberal del dividido Partido Popular, está alcanzando niveles peligrosamente amenazadores para el sector público.

Vamos a centrarnos en el ámbito de la enseñanza pública madrileña y dejaremos para posteriores ocasiones la política sanitaria de esta comunidad que está generando la movilización indignada de amplios sectores sociales.

Uno de las etapas educativas donde se está haciendo  patente el afán privatizador de Esperanza Aguirre y su gobierno es la de Educación Infantil. Prueba de ello son el  Decreto de Requisitos Mínimos de los centros del primer ciclo de la Educación Infantil y el Decreto de Enseñanzas de la etapa 0-6 para la Comunidad de Madrid.

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