Con sus 649.999 votos, un total de un 15.95 % en Cataluña, donde obtiene sus 8 diputados, conseguirá doblegar al gobierno del PSOE que sólo en Cataluña obtuvo un 39.50 % de los votos y que a nivel nacional obtuvo 10.909.687. No es culpa suya, es tan grande el ansia de poder del PSOE que para poder mantenerse en el gobierno no dudará en comprar, carísimo, el apoyo de Carod.

 

Con su irresponsabilidad y su nula visión de Estado, conseguirá que, allá donde se encuentre, los españoles y desde luego los catalanes, sean el hazmerreír de sus huéspedes.

 

Con sus acuerdos en el tripartito gobernante en la Generalitat, conseguirá aislar a los catalanes del resto de los españoles, condenándoles a la visión chata y localista que defiende el nacionalismo excluyente de su formación política. Y conseguirá que el presidente Maragall, más aficionado aún alpoder que sus conmilitones de Madrid, le ría todas las gracias con tal de no perder su sillón.

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A pesar de los augurios de la mayoría de los políticos europeos, ha triunfado en Francia y en Holanda -por ahora- el "no" en el referéndum de la Constitución europea y la Tierra sigue girando. Me asomo por la ventana y no veo llegar a los cuatro jinetes del Apocalipsis. Parece que no ha sido tan horrible este sano ejercicio democrático: que los pueblos francés y holandés hayan expresado su voluntad en contra de lo que proponían los discursos catastrofistas de sus gobernantes.

¿Y ahora qué? Lo sensato sería que los jerarcas europeos hicieran autocrítica y se dieran cuenta de que no pueden seguir intentando construir una Europa sin derechos sociales, sin participación democrática y de espaldas a los ciudadanos. Pero si no se dieron por enterados con todas las anteriores llamadas de atención de los ciudadanos europeos, ¿por qué iban a hacerlo ahora?

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Los homosexuales han padecido, durante años, injustas discriminaciones legales e intolerables vejaciones sociales, algo que el conjunto de la sociedad española actual quiere superar, en pro de la igualdad y la integración.

Pero esos agravios no legitiman a nadie para adoptar comportamientos ofensivos e inadmisibles contra quienes piensan de forma diferente. El Fiscal General del Estado aseguraba en su momento que vigilaría estrechamente el desarrollo de la manifestación convocada por el Foro de la Familia, para comprobar que no se produjeran expresiones homófobas. No encontró nada ante lo que actuar y los manifestantes defendieron su postura -que lógicamente podrá o no compartirse- con corrección.

En la marcha del Día del Orgullo Gay (mala denominación ya, porque la condición sexual de cada uno no tiene ningún mérito: no es algo de lo que haya que avergonzarse en absoluto, pero tampoco sentirse orgulloso) se escucharon muchos gritos ("Vamos a quemar la Conferencia Episcopal por machista y patriarcal, "De tanto obispo chulo estamos hasta el culo...) y se vieron no pocas pancartas ("Aquilino, métete un pepino...) clara e innecesariamente ofensivas. ¿Se imagina alguien que en una manifestación se portasen letreros en ese mismo tono, con pareados más que desafortunados... pero contra los homosexuales o los líderes más visibles de sus asociaciones? Todos consideramos que sería, sencillamente, inadmisible. Pues, cuando es al revés, también.

Aunque no debe generalizarse la denuncia, sí cabe pensar que no se trataba de elementos aislados e incontrolados. Algunos de estos carteles iban en lugares bien visibles de la marcha (por ejemplo, justamente detrás de la pancarta de cabecera) sin que nadie de la organización pidiese su retirada.

La condición de homosexual no puede ser nunca excusa para ser objeto de discriminación. Pero tampoco puede convertirse en una patente de corso para incurrir en los mismos comportamientos injuriosos que muchos homosexuales han tenido lamentablemente que sufrir. Se puede y se debe expresar la discrepancia. Pero con respeto. Todos.

Selenio

La manifestación celebrada en Madrid contra la pobreza el pasado domingo mueve a hacer dos reflexiones.

La primera: ¿qué hacían allí los políticos del PP y del PSOE? Todo el mundo tiene derecho a manifestarse por un objetivo tan altruista, pero me pregunto si los políticos que allí estaban se han parado a pensar que, si tres cuartas partes de la humanidad pasan hambre, es en gran medida por el sistema socioeconómico que ellos bendicen y aplauden. Mientras me hago esa pregunta, me indigna su racanería a la hora de no querer destinar ni tan siquiera el 0,7 por ciento del PIB a la ayuda para el desarrollo.

 

La segunda: llamaba poderosamente la atención la escasa presencia eclesial, volcada tan sólo una semana antes en la protesta por la familia y/o contra el matrimonio gay. Algún obispo asistió, pero en general era mayoritaria la presencia de grupos de izquierda. ¿Es menos importante la pobreza que la adopción de niños por parte de homosexuales? La jerarquía de la Iglesia española debería replantearse si tiene sentido su presencia en la calle y, si lo tiene, volcarse en TODO lo que reclame esa presencia.

 

Por tanto, ¿que hacían allí nuestros políticos?, ¿qué no hacían nuestros obispos? Amen.

Litio

Con ocasión del nacimiento de la infanta Leonor de Borbón, todos los partidos e incluso el propio Príncipe de Asturias han coincidido en la oportunidad y conveniencia de reformar la Constitución, para evitar discriminaciones por razón de sexo, permitiendo que la pequeña pueda en su día reinar con independencia de que tenga algún hermano varón.

¿No les parece que algo chirría en la lógica de este planteamiento? Estamos hablando de evitar discriminaciones, pero ¡sólo entre dos hermanos de la misma familia!, sin posibilidad alguna de que ese entusiasmo igualitario pueda extenderse más allá del apellido Borbón.

La Monarquía es discriminatoria por definición. La jefatura del Estado se convierte en una institución hereditaria en el seno de una determinada familia, sin que pueda someterse a la elección democrática y sin que sea accesible a alguien que no pertenezca a esa única familia, investida primero por un supuesto Derecho divino y ahora por mera tradición histórica y continuidad dinástica.

Ya que están tan lanzados, tan dispuestos a acabar con los arcaísmos ¿por qué no se plantean también terminar con la discriminación por razón de sangre? Si de verdad les preocupa evitar discriminaciones, para eso existe una fórmula simple: la República democrática. ¿Qué no es oportuna la cuestión, que no les gusta semejante alternativa...? Bien, pues al menos que no nos tomen por imbéciles y dejen de contarnos esos cuentos de que les preocupa evitar las discriminaciones.

Selenio